| GOZAR DE LA VIDA |
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| Escrito por G. André | |
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Más de una vez el Predicador se preguntó: “¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?” (Eclesiastés 3:9). En el plan de su libro, dirigiendo su mirada hacia lo que se hace “debajo del sol”, de capítulo en capítulo llega a esta conclusión: “No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo” (2:24). Sabe que Dios lo hizo todo “hermoso en su tiempo”: todas las cosas son pasajeras. Pero su conclusión es la misma: “No hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida; y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor” (3:11-13). Después de considerar los sufrimientos y las opresiones, hasta la reverencia hacia Dios, no tiene otra conclusión que ésta: “He aquí, pues, el bien que yo he visto: que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte” (5:18). Más adelante nos da diferentes consejos, indicando las cosas que valen más que otras (cap. 7); recuerda aun que Dios juzgará a cada uno; pero llega a la misma conclusión: “Alabé yo la alegría; que no tiene el hombre bien debajo del sol, sino que coma y beba y se alegre; y que esto le quede de su trabajo los días de su vida que Dios le concede debajo del sol” (8:15). ¿Es realmente “la vida” gozar así de lo material, que es pasajero, egoísta? Recordemos que el cuadro trazado por el Eclesiastés no representa precisamente las experiencias personales de Salomón, sino las del hombre librado a sí mismo con sus facultades naturales, sin revelación, y que, mirando alrededor de sí, razona sobre la vida. ¿No es ésta la conclusión de muchos hoy en día? ¿Desean algo más que comer y beber bien, alegrarse, distraerse? ¿Hay que extrañarse entonces de tanta tristeza profunda, tanto vacío e insatisfacción, “vanidad y aflicción de espíritu”? (1:14, etc.). Otros, aunque en menor cantidad, buscan en el ascetismo la solución de la vida. Creen adquirir méritos de esta manera. Privarse voluntariamente de todo gozo terrenal, ¿es esto “la vida”? ¿Qué nos dice el Nuevo Testamento?Sobre el aspecto terrenalSi queremos “amar la vida” y “ver días buenos”, Pedro nos advierte acerca de tres peligros (1 Pedro 3:10-11):
Pedro nos muestra lo que nos permite ver días buenos; el apóstol Pablo subraya por su lado: “Dios... nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Timoteo 6:17). “Todas las cosas” de las que se trata aquí son, según el contexto, cosas terrenales. Tenemos que recibir con gratitud todos los favores que Dios derrama sobre nuestro camino. El gozo de la familia, del hogar —si nos otorga la dicha de fundar uno— el gozo de la amistad y de los contactos en el seno de la familia de Dios; en la naturaleza, en la contemplación de su hermosura (¿no decía el Señor Jesús a sus discípulos: “Considerad los lirios del campo”, “Mirad las aves del cielo”?; iba por los campos sembrados con ellos... (Mateo 6:26, 28; 12:1); el gozo de conocer y de aprender; el gozo de la salud, de las fuerzas que Dios nos da. Sin embargo, para gozar plenamente de esos favores, se necesita relacionar 1 Timoteo 6:17 con Romanos 8:32: “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” Sin duda que “todas las cosas” de Romanos 8 van mucho más lejos que “todas las cosas” de 1 Timoteo 6; pero el principio permanece: Dios nos da “todas las cosas en abundancia”. ¿Cómo lo hace? ¡“con Él”! Éste es el gran secreto del cristiano. Puede gozar con gratitud de todo lo que recibe de la mano de Dios, porque disfruta de ello con el Señor Jesús. En su epístola a los Filipenses, el apóstol Pablo precisa algunos criterios de la expresión “todas las cosas”: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre;... en esto pensad” (4:8). Tal enumeración excluye los goces impuros del mundo, tan a menudo corrompidos por el pecado: todas las cosas que no podemos tener parte “con él”. Si hay que ir a tal lugar para estar a tono con el mundo, ¿podríamos ir “con el Señor”, recibiendo de la mano de Dios el pretendido gozo que creemos encontrar allí? Así, en este aspecto terrenal, el Nuevo Testamento no nos pide rechazar o despreciar las cosas que son puras; al contrario, nos invita a gozar de ellas como viniendo de la mano de Dios, a gozar de ellas con Jesús; pero también nos hace ver que tenemos que recibir este gozo como «de paso»; el verdadero tesoro de nuestro corazón está en otro lugar. Esto no nos impedirá recoger las espigas y flores que, en su bondad, Dios haya de poner a lo largo de nuestro camino, para que encontremos el gozo con gratitud. Sobre todo recordemos la palabra del apóstol: “contentos con lo que tenéis ahora” (Hebreos 13:5). Pablo señala a Timoteo: “Teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto” (1 Timoteo 6:8), eco del Eclesiastés que declaró: “Más vale un puño lleno con descanso, que ambos puños llenos con trabajo y aflicción de espíritu” (4:6). Recibamos con agradecimiento de la mano de Dios los favores de los cuales nos colma; y sobre todo estemos satisfechos de lo que nos da, sin dejarnos llevar por la insaciable ambición de lo que el Predicador nos recuerda tan a menudo como vanidad. El gozo espiritualEl creyente posee una fuente de gozo mucho más profunda, mucho más elevada que todas las existentes en el Eclesiastés: una fuente de gozo espiritual de la cual el apóstol Pablo puede decir a los filipenses: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (4:4). El gozo tiene también su fuente en el Espíritu Santo: “fruto del Espíritu”, en Gálatas 5:22; “justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo”, en Romanos 14:17. El gozo deriva de la fe, como nos lo dice Romanos 15:13: “El Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer”. Es imposible regocijarnos si queremos llevar todas nuestras preocupaciones y penas, en vez de depositarlas en paz en el corazón de un Padre que nos ama; esperándolo a él, podemos gozar de todo lo que su Espíritu nos da a conocer de Cristo. Las oportunidades de gozo espiritualEntre tantos pasajes, tomemos algunos ejemplos de fuentes prácticas de gozo espiritual.
He aquí el secreto de todos los gozos que hemos considerado. La simple alegría terrenal, incluida en “todas las cosas” que Dios nos da en abundancia, podemos disfrutarla realmente sólo “con él” (1 Timoteo 6:17). Con Cristo disfrutamos del gozo de la salvación, ya sea la nuestra o la de otra persona; en el servicio, en la comunión, en la iglesia local, en la generosidad, sólo “con él” nuestro corazón se regocija; y en la perspectiva de su retorno, ¿no es estar para siempre “con el Señor” lo que produce un gozo profundo en nuestro corazón? Si, a pesar de todo, en los días de sufrimiento, de duelo, de aislamiento, su gozo puede quedar en el fondo de nuestro corazón, ello es posible solamente porque atravesamos todas estas cosas “con él”. Él nunca nos faltará. «Si Jesús está en el fondo de su corazón, su gozo será profundo». |
